El mundial parece finalmente haber llegado y prueba de ello son las incontables horas que los más diversos programas de televisión invierten en cuestiones como el pronóstico extendido en Sudáfrica o los esquemas tácticos de las más ignotas selecciones. Más allá de la insoslayable importancia que el evento tiene para los habitantes del suelo argentino, vale la pena hacer un alto y sumergirse una vez más en el mundillo legislativo antes de que con el pitazo inaugural la política pase a segundo plano.
Como hemos analizado en varias oportunidades en esta misma sección, la actividad legislativa no ha sido particularmente profusa desde el 1º de marzo a esta parte. Al día de hoy, las 5 sesiones de la Cámara de Diputados y las 7 del Senado han dejado un saldo de 9 leyes, entre las que se cuentan 2 acuerdos de cooperación y la creación del Instituto Eva Perón.
Una perspectiva interesante para analizar el comportamiento del Poder Legislativo es compararlo con los principales problemas que preocupan a la población. La última encuesta publicada por la consultora Ipsos Mora y Araujo realizada sobre 1200 casos en todo el país, muestra que el 76% de los entrevistados considera a la inseguridad como el principal problema, seguido por “falta de trabajo” (50%), “educación” (27%), “inflación” (24%) y “salud” (17%).
Cuando se cruzan estas temáticas con la actividad del Congreso nacional, el resultado es elocuente: en las sanciones logradas hasta el momento, el único tema que parece haber sido contemplado es el de “falta de trabajo”: más allá de la valoración que pueda hacerse sobre los proyectos aprobados, lo cierto es que la pujanza del sector sindical que en la Cámara baja encabeza el cegetista Héctor Recalde consiguió tres modificaciones a la Ley de Contrato de trabajo y una a la Ley de Jornada Laboral, en un sentido favorable a los trabajadores.
El resto de las temáticas que preocupan a la población han tenido difusa atención por parte del Legislativo. En materia de seguridad, principal problema según la encuesta de marras, las repetidas promesas de campaña de sectores como el denarvaísmo chocaron con el lodo legislativo y sólo se materializaron en algún proyecto de Ley sin movimientos significativos.
Por su parte, el oficialismo parece haber relegado este tema al resignar sin demasiado esfuerzo las comisiones de Seguridad Interior, de Legislación Penal y de Justicia en Diputados y las de Justicia y Asuntos Penales en el Senado, donde sí conservó Seguridad Interior pero ató su suerte a un legislador de segunda línea del bloque.
La oposición también ha encontrado infranqueables obstáculos para aprovechar los espacios obtenidos, y los mayores logros han sido reuniones de carácter testimonial como la que esta semana concretó la cívica Griselda Baldata con los firmantes del Acuerdo para la Seguridad Democrática.
Las otras temáticas que figuran entre las principales preocupaciones no han tenido mejor suerte:
· En materia de educación los esfuerzos realizados por asesores y legisladores en pos de una nueva Ley de Educación Superior en las respectivas comisiones han sido en su mayoría inconducentes sin la voluntad política firme del Ejecutivo. La nueva conducción del senador socialista Giustiniani (un incansable trabajador legislativo) es promisoria, pero habrá que ver qué margen de maniobra logra en el complejo entramado político de la Cámara alta.
· Reservando para sí el control de las comisiones de Presupuesto y Hacienda y todavía reticente a reconocer a la inflación como un problema, el Gobierno ha vedado el tema económico congelando cualquier iniciativa al respecto.
· Finalmente, la problemática de Salud tampoco parece hacer pie en el Congreso. Si bien es una de las áreas cuyas comisiones más trabajan en ambas Cámaras, el recambio en este caso ha sido perjudicial con la partida de nombres de peso como el activo Juan Sylvestre Begnis. Hasta proyectos que han sido harto trabajados y cuyo tratamiento se encuentra muy avanzado, se rumorea que podrían salir por decreto, como es el caso de trazabilidad de los medicamentos.
Así las cosas, en los principales problemas del país el Congreso encuentra enormes dificultades para avanzar en políticas públicas concretas: el oficialismo reducido en número y sin el control de las comisiones respectivas no ve en el Congreso un terreno fértil para impartir agenda, pero conserva el poder de veto para negar a la oposición la iniciativa en estos temas, algo que podría favorecer a los varios adversarios del kirchnerismo con planes presidenciales que ocupan bancas en el palacio legislativo.
Por último, otro de los resultados de la encuesta de Ipsos Mora y Araujo confirma el análisis anterior: en los 5 aspectos de la gestión en los que el Gobierno ha conseguido mejorar su evaluación, el Congreso prácticamente no ha tenido participación: lucha contra la pobreza, política de obras públicas, política educativa, política agraria y deuda externa.
La asignación universal por hijo, la distribución discrecional de recursos para obras públicas y construcción y mejoramiento de establecimientos educativos, la creación del Ministerio de Agricultura y la reducción del nivel de confrontación con las entidades rurales fueron las claves para estas mejoras, y ninguna de ellas tuvo su eje en el Congreso nacional. Sólo la reapertura del canje de deuda fue autorizada por Ley.
En resumen, los tres meses de actividad transcurridos confirman que difícilmente el Congreso pueda torcer su destino de trabajar en temas secundarios y empantanar las discusiones prioritarias. Los resultados del 28 de junio y el equilibrio de fuerzas resultante, las limitaciones del atomizado conglomerado opositor y la apuesta por un Poder Ejecutivo cada vez más hegemónico por parte del oficialismo contribuyen a profundizar la brecha entre el Congreso y las demandas ciudadanas.
Nada permite pensar que esta realidad cambie en lo que resta de 2010 con el horizonte de las presidenciales a la vista. |