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Miércoles, 08 de Septiembre de 2010
 
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Glaciares- Gate
Por debajo de la alborotada superficie de los rezos en contra y el “ruidazo” a favor del matrimonio gay, la Cámara de Diputados abordó finalmente, después de más de tres años, el proyecto de Ley de presupuestos mínimos para la protección de glaciares. Para comprender acabadamente lo que ocurrió esta semana en la Cámara del pueblo, es necesario remontarse algún tiempo atrás y ver los distintos momentos del glaciares-gate kirchnerista.

La autoría del proyecto aprobado en general el último miércoles hay que buscarla en las carpetas de Marta Maffei. Cumplido el mandato de la dirigente educativa, el heredero de los postulados de protección de nuestros glaciares fue Miguel Bonasso, quien asumió el tema como una bandera propia.

Algo bien habrá hecho el reconocido periodista que logró en 2008 la aprobación del proyecto tras votaciones unánimes de ambas Cámaras. Para ese momento su identificación con la temática era tan profunda que el pronto desaire presidencial de vetar la Ley terminó por convencerlo de cruzar de vereda y pasar a engrosar las filas de la oposición.

El yerro kirchnerista en aquella oportunidad fue tal (vale la pena insistir: la Presidente vetó una Ley aprobada por unanimidad en ambas Cámaras), que el oficialismo en Diputados se vio obligado a ejercer un silencioso pero vergonzante freno al embate furibundo del desairado Miguel, que en más de una oportunidad durante 2009 estuvo cerca de imponer el tratamiento de su proyecto, insistiendo con el texto de la Ley vetada.

El otro punto de esta historia que vale la pena recordar es la jugada K que sobrevino al polémico veto: casi en forma inmediata el Ejecutivo instruyó a Daniel Filmus para que impulse desde el Senado una nueva Ley de glaciares. El ex ministro de Educación consiguió aprobarla por unanimidad en la Cámara alta, y desde ese momento quedó planteada la falsa dicotomía entre "glaciares Bonasso" y "glaciares Filmus".

Palabras más, palabras menos esto siguió así hasta la presente semana, cuando, después de cruzarse duramente en un programa de TV, los protagonistas de esta novela se sentaron a la mesa y negociaron un proyecto consensuado. La cuestión parecía resolver el entuerto, sobre todo porque Filmus mostraba orgulloso el placet que lo acreditaba como embajador del Gobierno en el caliente debate por los glaciares.

Sin embargo, como nada es sencillo en el universo kirchnerista, la sesión trajo un mar de sorpresas. Antes de comenzar la sesión, Rossi reconoció a Bonasso que “tengo algunos quilombos internos en el bloque” pero se comprometió a dar quórum, algo que finalmente no ocurrió. La presión interna de los legisladores de las provincias mineras estaba resquebrajando la tensa calma lograda con el acuerdo de último momento entre el diputado y Filmus.

El desenlace es olvidable para el oficialismo: votó negativamente el texto que el presunto embajador kirchnerista en la temática, Daniel Filmus, había consensuado con el ex kirchnerista Miguel Bonasso, casualmente convertido en “ex” por las propias idas y venidas del Gobierno alrededor del proyecto de marras.

Las preguntas que quedan flotando son varias: ¿actuó Filmus sin la venia de la Rosada? ¿Vetaron las compañías mineras una vez más un proyecto con extendido consenso? Si así fue ¿nadie le avisó al bueno de Filmus que sus colegas diputados iban a dejarlo en soledad rechazando su propuesta? La última ¿habrá sido un rapto de racionalidad del ex ministro buscando despegarse del lobby minero?

Las desprolijidades del oficialismo en esta materia dejan una doble derrota altamente riesgosa para el Gobierno, con un aliciente: no sólo perdió la votación sino que perdió la coherencia interna, y en ningún punto del “Glaciares-gate” consiguió hacer pie en un terreno en el que se sintió realmente incómodo.

¿El aliciente? El éxito progre del oficialismo en el matrimonio gay solapó aunque sea en parte esta concatenación de yerros K en un tema tan sensible como la protección de los glaciares. Flaco consuelo para los soldados K que, aunque diezmados, siguen poniendo el cuerpo en batallas innecesarias.


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