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Domingo, 05 de Septiembre de 2010
 
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Corriendo tras la zanahoria
Cerrando la agenda institucional, la oposición dio media sanción a la reforma del Consejo de la Magistratura mientras se embarraba en el tan desgastante como inservible debate en torno a la publicidad de las declaraciones de Sadous.

Con el tema de los supuestos actos de corrupción en la relación comercial entre la Argentina y Venezuela instalado en los primeros lugares del agenda pública y parlamentaria, el eje del debate respecto a la embajada paralela en  el país caribeño, se redujo a una simple disyuntiva: publicidad sí- publicidad no para la versión taquigráfica de la visita del ex embajador Sadous a la Cámara de Diputados. Algo bastante mezquino si se considera que el objeto de la investigación habla de varios millones de dólares pagados en coimas.

 

Lo acotado del debate no pudo abarcar las dificultades de un caso que merece ser investigado con seriedad y profundidad. La comisión de Relaciones Exteriores no es en sí misma un espacio abierto para la investigación, pero más allá de eso, el escándalo generado en torno a la visita del diplomático dejó en evidencia las dificultades de la oposición para poner en práctica la función de control que tiene (de "controlar") el Congreso Nacional, como ha repetido hasta el hartazgo el presidente de la comisión, Alfredo Atanasof.

 

Los movimientos hasta el momento han sido bastante desprolijos, y ya sea por impericia de la oposición o picardía del oficialismo, el Congreso pareció una vez más estar corriendo detrás de la zanahoria. Como ha advertido que la comisión no le proporciona el marco propicio para la investigación, refiere constantemente a los antecedentes en los casos IBM- Banco Nación, los delitos por lavado de dinero, la venta de la compañía Italo Argentina de Electricidad y la renovación del contrato Manliba-Ceamse entre otros. En estos entuertos, cabe recordar, se constituyeron sendas comisiones especiales cuya evocación anima al arco anti-K a reclamar este instrumento para sí. Sin embargo, y pese a la mayoría que ostenta, hasta el momento no ha podido alcanzar el consenso necesario para aprobar su creación.  

 

Esta semana asistimos a la escenificación de un debate cuyo desenlace estaba escrito desde antes de comenzar: la oposición se dedicó a proteger con uñas dientes el secreto de la versión taquigráfica del encuentro con Sadous como si se tratara de una invalorable pieza de museo. Mientras tanto, y más allá de los incontrolables off the record, un diario matutino lucía la primicia de citas textuales extraídas del texto cuyo secreto se pretendía resguardar.

 

Como si esto no alcanzara para demostrar que el objeto del debate ya era obsoleto durante el debate mismo, la oposición no cesó en su lucha y escuchó estupefacta el comentario del pícaro diputado Yoma. El riojano hizo caso omiso a los argumentos de seguridad nacional que esgrimían algunos opositores y adelantó, desafiante, que de llegar la versión taquigráfica a sus manos, la haría pública.

 

El tema recaló en el recinto, donde se resolvió girar a comisión lo que había sido discutido, con resultado nulo, durante la mañana, en comisión. No es un juego de palabras, sino el inerte recorrido que muestra los aportes de la Cámara de Diputados a la investigación en curso.

 

La pregunta que cabe hacer, entonces, es: ¿qué éxito podrán lograr los legisladores-investigadores que no pudieron siquiera guardar el secreto de la visita que tanto defendieron?  

 

Sería más sano y hasta más productivo para la oposición dedicarse a trabajar en la agenda parlamentaria en cuyos temas ha logrado avanzar considerablemente en los últimos meses y no a enmarañarse en una supuesta investigación sin tener las herramientas adecuadas para hacerlo.


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