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Miércoles, 08 de Septiembre de 2010
 
vie25jun10 Enviar
Borrón y cuenta nueva
Finalizó otra operación con el clásico estilo K. Una adhesión esperable que termina de blanquear los números. Lecturas positivas y negativas para una cuenta a pagar en el futuro.

Por primera vez desde que ostenta el cargo, la Presidenta cumple (al menos en los hechos), con una de las promesas de su vieja y olvidada campaña: un trato más cordial y amigable con el mundo y sus finanzas. Claro que ello incluye las particularidades e interpretaciones que tiene cada gestión del kirchnerismo.

 

Pero esa amistad tiene su precio. Extraño es cuando Cristina anuncia -y hasta fija- el día del desendeudamiento, siendo que en términos estadísticos el canje implica recibir bonos que no se pagan y entregar nuevos títulos que van a rendir por encima de lo que pagan muchos países de América Latina.

 

Así, la deuda en default con los holdouts (que el INDEC no contabilizaba) va a pasar a formar parte de una nueva obligación financiera del Estado por U$S 12.000 millones. Es decir, y pese a encontrarnos en la época discursiva del desendeudamiento, la clásica y siempre criticada deuda argentina sigue en aumento.

 

Extraño es también la forma que adquirió la operación. Anunciada con bombos y platillos para fines del año pasado, con el combo incluyendo un nuevo bono por debajo del 10%, la realidad es que la alta adhesión inicial que se estimaba iba a recibir se debía no tanto a un mérito en la gestión económica del país, sino a lo beneficiosa que resultaría para los acreedores la oferta de Boudou.

 

En todo caso, el 66% de adhesión final refleja que el Gobierno se vio obligado a reducir los potenciales beneficios de aquella oferta. El porcentaje alcanzado, ni malo ni bueno según los especialistas pero sin el bono otrora prometido, resulta más bajo que el común de estas operaciones, con números que en muchos casos no bajan del 90%. ¿Éxito del Gobierno, que logró un resultado aceptable sin en apariencia ofrecer demasiado?

 

Pocos han entendido cómo el kirchnerismo logró cerrar este canje demorado y prorrogado, y a su vez, presentarlo en forma exitosa. Y por supuesto, los méritos de las operaciones financieras de deuda se los lleva el Gobierno que las ejecuta; mientras que el próximo será el que deba pagarlas.

 

Si uno observa el canje de la deuda del 2005, su adhesión fue del 76%, con una oferta en extremo beneficiosa (más plazo y tasas bajas). Hoy, en un mundo donde los mercados emergentes son las estrellas frente a los países centrales, y con tasas globales más bajas que en aquellos tiempos, la Argentina agrega otra deuda pero a menor plazo y con pagos más suculentos. ¿Estamos mejor o peor entonces?

 

Si uno se remonta a los tiempos de la reelección del kirchnerismo, renegociar la vieja deuda en default no era prioridad oficial y hasta los más críticos del Gobierno admitían que ello no solo no resultaba necesario, sino que era un tema dejado en el olvido.

 

Frente a un mundo que sin dudas no es el mismo de antes, las voces oficiales nos informan que el país sigue firme en su rumbo y sin sufrir los embates externos de la crisis. Ello podría aplicarse entonces tanto para los efectos negativos como para los positivos. La economía mundial cambió para mal con respecto al 2007. La credibilidad financiera argentina, también.

 

 


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