A una semana del receso invernal, el oficialismo parece cada vez más lejos de llevarse un triunfo al descanso. La negativa de algunos senadores de su bloque a acompañar el dictamen que propicia el matrimonio entre personas del mismo sexo, plantea un panorama por lo menos complejo para la sesión de la semana próxima, y obliga al Gobierno a esperar antes de anotarse su primer punto parlamentario en varios meses.
El caso del matrimonio gay es interesante para analizar la situación del oficialismo en el Poder Legislativo. El tema arrancó en Diputados con el impulso de la centroizquierda, apoyada en la creciente mediatización del debate. Aunque no era una iniciativa surgida de su redil, el propio Kirchner se envalentonó con el calor popular que generaba la propuesta y se acercó hasta el recinto por primera vez tras asumir su banca, para plegarse al triunfo y renovar sus votos progresistas.
En el Senado, cuya composición no ostenta la representación progre, el kirchnerismo tomó la posta y puso bien en alto la bandera del orgullo gay. De repente, de actor de reparto con escasos derechos (recordemos que en Diputados el bloque FpV tuvo cerca de 40 negativas y ausencias en un bloque de 87 miembros) recaló en protagonista de esta novela en un intento por robarse algunos flashes.
Más allá del saludo a las barras atestadas de manifestantes, el proyecto da la posibilidad a Pichetto de retirarse del recinto triunfador y con aplausos, una imagen que en el último tiempo le ha sido esquiva. Con un escenario que se volvió más complejo de lo que era en la previa, hoy el kirchnerismo apela con cierta desesperación a algunas ausencias para garantizar tan ansiado triunfo, aún cuando quedarán dudas respecto a la legitimidad del proceso.
El relato muestra a las claras que tras un comienzo de año auspicioso en el que logró en repetidas oportunidades frenar los embates opositores, el kirchnerismo ha chocado con su propia realidad numérica: sus 87 diputados más una decena de aliados fieles no han logrado aprobar uno sólo de los 17 proyectos de Ley enviados por el Poder Ejecutivo, aún cuando ninguno de ellos constituye una verdadera apuesta política por parte del Gobierno. Ni siquiera el feriado del 24 de mayo consiguió pasar por el Congreso.
En Diputados, las derrotas acaecidas empiezan a dejar grietas en el hermético bloque que conduce Agustín Rossi. Esta semana se hizo pública la renuncia de su hermano Alejandro a varias comisiones, entre ellas la de Justicia, tras la dura derrota en la reforma al Consejo de la Magistratura.
Aunque existen múltiples versiones sobre su dimisión (algunos la vinculan con su delicada situación judicial), hay algo inobjetable: Alejandro cometió el error de aprovechar sus buenos vínculos con bloques opositores para acercar posturas en la reforma del organismo, algo que finalmente no prosperó por la intransigencia de la cúpula K.
Las explicaciones oficiales que alegaron dificultades de agenda por la superposición de reuniones, difícilmente expliquen la decisión de un diputado hábil en la política legislativa que disfrutaba de los debates en comisión. Su renuncia a la comisión de Justicia ratificó en las primeras líneas del bloque a los radicales (entiéndase como adjetivo) Jorge Yoma y Diana Conti, quienes habían tenido diferencias con él durante el tratamiento de la reforma.
La novedad es un balde de agua fría cuando las proyecciones para lo que resta del año no son para nada auspiciosas. El panorama es complejo para el Gobierno en temas como jubilaciones, Indec, facultades delegadas y retenciones. Para frenar tanto ímpetu opositor, el oficialismo prepara la reforma de la Ley de Entidades Financieras, cuyo tratamiento comenzaría la primera semana de agosto.
Otro de los temas que está cada vez más cerca es la baja del mínimo no imponible en Ganancias, donde extrañamente confluyen presiones opositoras, apuros sindicalistas y urgencias presupuestarias. Aunque la decisión está tomada, la dificultad aquí pasa por garantizarse que el crédito quede del lado del Gobierno, tarea nada sencilla con tantos actores en juego.
En definitiva, el oficialismo parlamentario llega al receso con la lengua afuera, varios golpes a cuestas y la necesidad de descontar sobre la hora, aunque sea con un gol dudoso. |