El sorpresivo pedido de Macri para que la Legislatura emprenda un juicio político en su contra resultó ser una jugada tan inteligente como peligrosa.
La imagen televisiva de Macri pidiendo un autojuicio fue, sin dudas, impresionante. Fue una estrategia de marketing e impacto político que tuvo un golpe inmediato positivo, elevando su imagen en las encuestas. Pero el golpe mediato – ¿el más importante? - aún está por verse.
De cara al 2011, Macri siempre supo tres cosas. La primera es que si resulta absuelto en un juicio político, esto lo eyectaría sin escalas hacia los más altos puestos de una encuesta de imagen en un año crucial para él, que pese a los pronósticos, lo encontraría luchando por la presidencia de la Nación.
La segunda, es que posiblemente tenga una mayor credibilidad frente a los medios (ergo, frente a la opinión pública) para acusar a los K de haber metido “la cola” en el caso.
La tercera suposición, es que un juicio político puede extenderse como máximo cuatro meses (según lo establecido por la Constitución), en cambio la creación de una comisión investigadora como propone la oposición podría extenderse en el tiempo, incluso intrometerse en la campaña del año que viene.
Analizando el panorama actual, las críticas opositoras hacia un posible juicio político son entendibles ya que las 40 voluntades que hacen falta para deponer a Macri, hoy la oposición no las tiene. También es cierto que si el PRO tuviera menos bancas en la Legislatura, aquellos espacios estarían sin dudas pidiendo la cabeza del Jefe de Gobierno a través del mismo mecanismo que hoy resisten. El caso empírico de Proyecto Sur y Diálogo por Buenos Aires ejemplifican esta imagen a la perfección: la semana pasada apoyaron en el recinto un juicio político pero hoy, menos de una semana después, lo rechazan.
En esta tensa situación de respeto por las instituciones y avivada política, la Ciudad atraviesa una delicada situación que lamentablemente no es percibida como tal por la mayoría de los porteños, a quienes poco les interesa enredarse en una maraña técnica sobre qué es y cómo funciona una comisión investigadora, o acusadora, o juzgadora.
Pese a todo, el tiempo puede ser un factor influyente en este capítulo y eso ya ha quedado demostrado. Desde el momento en que se lo vio a Macri por primera vez pidiendo un juicio político hasta el día de hoy, algunas cuestiones comenzaron a hacer ruido.
La efectiva realización de un proceso político parece caminar por una cuerda floja desprovista de red. Cuando Macri lo solicitó, confió en tener el apoyo de los bloques que anteriormente respaldaron la propuesta, pero se encontró en soledad. Hoy Macri cuenta con 24 votos de su bloque y probablemente sólo uno más del legislador que representa al sector de Nueva Izquierda, Marcelo Parrilli. Un número muy alejado de los 31 que necesita.
Los dos narvaistas -quienes pegaron el portazo del bloque oficialista a principios de año y que parecían no haberse alejado tanto-, pusieron en duda su respaldo y De Narváez esquiva cada micrófono que se acerca en busca de una opinión sobre el tema. No es inocente que el diputado porteño piense detenidamente si ayuda o no a un posible futuro competidor.
Con las dudas del narvaísmo, el resto de los bloques que estaban en la cuerda floja terminaron por saltar hacia el lado opuesto, sin seguirle el juego al Jefe de Gobierno e impulsando la creación de una comisión investigadora. Pero una buena para Macri: el bloque Peronista liderado por Kravetz, que en muchas oportunidades ayudó al PRO a sacar proyectos oficialistas, podría proponer que se establezca de antemano a un plazo fijo para que esta comisión investigue y dé a conocer su resolución.
Pero el tiempo pude influir también en los apoyos durante el mismísimo juicio político. Es cierto que hoy el macrismo cuenta con 24 votos seguros. Pero “hoy” no es “mañana” y se sabe que en política, nunca hay nada asegurado.
La semana que viene comienza la pulseada formal en la Legislatura con una reunión de comisión de Asuntos Constitucionales en donde se sentarán las posiciones que los bloques trasladarán al recinto el 12 de agosto. A partir de allí se iniciará el verdadero juego. |