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Domingo, 05 de Septiembre de 2010
 
vie14may10 Enviar
Jubileo del Bicentenario
Otra vez la audacia del kirchnerismo para resolver un tema espinoso. La necesidad de conservar apoyos sin perder la caja. Herencia pesada y el riesgo de repetir viejos fracasos.

La nueva fiesta de gasto provincial decretada por el Gobierno Nacional, cuya fecha de inicio de pago será con un eventual gobierno no kirchnerista en 2012, confirma que la usina de ideas oficial se mantiene intacta. Al disponer que las provincias no dediquen recursos a pagar sus deudas con la Nación, abre el grifo para que la gestión local se transforme en campaña.

Esta iniciativa hiere en forma casi definitiva la cuestión de la coparticipación del impuesto al cheque, ya que los nuevos recursos con los que contarán las provincias serán sustancialmente mayores. Además, implica costo cero, ya que el Tesoro Nacional suspende el Programa de Ayuda Financiera, y otrora una de las herramientas clave a la hora del condicionamiento político.

La liberalización de recursos para gastarlos libremente no implica que vayan a un buen o mejor destino. Las provincias estaban con la soga al cuello y utilizarán los fondos para pagar salarios, cumplir con proveedores, y seguramente, engrosar el reparto de sus bases de sustento político mediante gastos con escaso control. Fijémonos sino la experiencia del periodo 2002-2009, dónde las provincias, tras recuperar la solvencia, contrataron personal en forma masiva, ingresando nuevamente en zona roja.

Además, con una economía en inflación permanente, los recursos alimentarán la demanda, con la consiguiente suba de los precios. Ello redundará en mayores exigencias de aumentos salariales, en dónde ya el Gobierno Nacional contará con la razón para excusarse de brinda ayuda.

No obstante la medida surge más por desesperación que por virtud propia. Los reclamos del interior venían in crescendo y nada indica que habrá un realineamiento completo con el kirchnerismo. Se trata de contener eventuales fugas de la propia tropa, pero sin ampliar el núcleo de apoyos.

Algo similar realizó Menem entre el 97 y el 99. Permitió un endeudamiento masivo de las provincias a cambio de un futuro apoyo que nunca llegó. Por entonces, los gobernadores desfilaban por Buenos Aires con alabanzas, mientras luego salvaron su pellejo desdoblando las elecciones, sabiendo que el menemismo estaba terminado.

También es cierto que los ases en la maga del kirchnerismo no aseguran per se un buen resultado. Recordemos el adelantamiento de elecciones, el reparto de la soja o las candidaturas testimoniales que traccionarían hacia un triunfo que finalmente fue derrota.

Otra vez el gobierno vuelve a postergar los problemas en vez de solucionarlos. Todo indica que los Kirchner harán lo que sea para seguir financiando el cheque en blanco del gasto público. Aunque nuevamente la experiencia puede derivar en resultado negativo, que pague Dios, o lo que lo mismo, los argentinos.


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