Más allá de las versiones que indican que Cristina Fernández en realidad resiste la unión en matrimonio de personas del mismo sexo, y que parte de la oposición hizo posible la sanción de la Ley, lo cierto es que el Gobierno brotó como el gran vencedor. La imagen trasmitida también en un julio de hace dos años de cientos de personas enfurecidas fuera del Congreso tras el rechazo a las retenciones móviles, se revirtió ahora con un retrato de pura conquista oficialista.
Los blancos del kirchnerismo estuvieron claros desde un principio: acercamiento a los espacios progresistas, debilitamiento del rol/poder de la Iglesia, y la tan buscada foto del peronismo inclusivo. Así, una vez más un tema tan delicado y polémico que tiene sus raíces en lo más profundo de la cultura argentina, fue cosificado en pos de una victoria política.
El debate mostró lo que nunca antes se había visto en el recinto del Senado 2010. La superposición de racionalidad y pasión que requirió el debate, llevó a que los tres principales bloques de la Cámara se resquebrajaran.
El Frente para la Victoria tuvo nueve díscolos, sin contar a las dos senadoras que “eligieron” un viaje a China antes que participar de una sesión histórica. De igual modo el radicalismo votó dividido. Morales, Sanz, Artaza y Martínez siguieron el “sí” mientras que todo el resto se encolumnó detrás del “no”. Situación casi inédita en la UCR de la Cámara alta, que siempre mantiene una coherencia interna.
Por último, aunque mucho menos notorio que el resto de los espacios mencionados, el PJ disidente perdió adeptos, pero sólo uno: fue Latorre, quien esta vez eligió adelantar su posición antes que sorprender en el recinto, como fue su costumbre en las últimas sesiones. A diferencia de lo que podría haber ocurrido en otras oportunidades frente a un nivel de fragmentación tal, no hubo críticas cruzadas; hubiera resultado contradictorio defender los derechos de las minorías y al mismo tiempo atacar a senadores que opinan diferente. Si existieron, fueron eficazmente disimuladas. No hubo críticas públicas, pero sí hubo tensión. Por los discursos hilvanados por Morales y Sanz, podemos deducir que los radicales no se sintieron del todo cómodos acompañando una propuesta que sabían tenía la bandera kirchnerista. Intentaron buscar una vuelta de tuerca para diferenciarse, como proponer modificaciones al texto de la media sanción, sabiendo que en caso de ser aceptadas, el proyecto volvería a la Cámara de Diputados. Pero también sabían que esa tuerca no iba a girar. No hubo debate particularizado y el plan del radicalismo quedó simplemente en una mera intención.
Mientras algunos apoyaban, otros criticaban y otros tantos figuraban como indecisos, las horas pasaban en la Cámara sin certezas. Con Cristina lejos y Cobos como Presidente a cargo, Pampuro seguramente habrá ensayado su discurso en caso de que la historia se repitiera y surgiera un empate histórico. Pero no fue así. Las ausencias y abstenciones definieron la votación. Para los senadores que no participaron, sí hubo críticas.
Pichetto tuvo el cierre en sus manos y no caben dudas de que como político supo sacar ventaja de esa situación. Su discurso estuvo plagado de ironía y sarcasmo con una cuota mínima de jocosidad. Con la facilidad que lo caracteriza para tensar el clima en el recinto, Pichetto tiró de la soga hasta casi romperla. Las imágenes que mostraban una Negre de Alonso llorando en su banca lo hicieron retroceder en sus modos, pero no tanto. Un pedido de disculpas y nuevamente retomó su fiel estilo.
Era la última oportunidad de kirchnerismo para defender en un “vale todo” la iniciativa de matrimonio homosexual. La Iglesia fue el blanco primero y la desestimación por las opiniones contrarias a las del kirchnerismo, el segundo.
Cabría preguntarse cómo sigue esta historia. El 82% móvil a las jubilaciones será el próximo paso de la oposición en el Senado, que muy probablemente pueda acreditarse el primer triunfo de la segunda mitad del año. Boudou ya dijo que la implementación de esa política es inviable pero desde el Gobierno jamás se atrevieron a asumir el costo político de pronosticar un veto por parte de la Presidente.
De la misma manera que el matrimonio homosexual empujó a los espacios progresistas al lado del kirchnerismo, la oposición espera conseguir el respaldo de esos espacios para hacerle probar al oficialismo su propia medicina y torcerle el brazo con lo que más le duele: la caja. |