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Jueves, 09 de Septiembre de 2010
 
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Tres preguntas al Bicentenario
Los festejos del bicentenario remozaron los ánimos políticos de varios dirigentes, que dijeron haber recibido una lección del pueblo unido. Sin embargo, a la vuelta de la esquina la realidad dista bastante de lo que mostraron las fiestas populares.

El arco político entero se mostró gratamente sorprendido por lo que considero un claro mensaje de paz y unidad emanado de la semana de mayo. La presencia masiva del pueblo unido en las calles viviendo con alegría los distintos eventos que los también distintos gobiernos organizaron en el centro porteño, superó como noticia a las rencillas políticas que tristemente habían inaugurado la fiesta popular.

Habrá que reconocer, nobleza obliga, que la organización tuvo sus aciertos. Tanto la gala de reapertura del teatro Colón como los desfiles, recitales y teatralizaciones que tuvieron lugar sobre la 9 de Julio y en las inmediaciones del Cabildo brindaron el ambiente propicio, aún cuando el clima no acompañó, para que miles de personas se acercaran espontáneamente a participar del festejo.

El debate de los días subsiguientes estaba a la vista: ¿podría alguien arrogarse semejante movilización espontánea de almas? Antes que los analistas hagan su trabajo, los propios dirigentes dieron su veredicto: fue la fiesta del pueblo, y salvo contadas excepciones, desde el gobierno nacional se evitó adjudicarse la movilización.

La segunda pregunta que surge es más interesante aún: ¿podrán la dirigencia argentina interpretar cabalmente lo ocurrido días pasados, dejará alguna enseñanza?.

En principio, la respuesta inmediata tras los festejos fue de cierta calma y algunos movimientos políticos conciliadores. El propio Néstor Kirchner mostró un perfil mesurado en el día de ayer, evitó confrontar y aseguró que “el gran protagonista fue el pueblo”. Interesantes declaraciones de un político que encuentra en el discurso de barricada su arma preferida.

La Cámara de Diputados también mostró un quiebre patrio tras la semana de mayo, y en una imagen de fuerte valor simbólico, mostró unidos a los jefes de los principales bloques de la Cámara baja en un homenaje a Mariano Moreno. Minutos más tarde, los mismos diputados se dieron cita en el recinto en una sesión que se corrió del eje de la política del día, dando lugar a discursos en su mayoría reflexivos.

Hasta los medios recibieron un golpe de efecto y dejaron de lado sus inclinaciones habituales para resaltar el fervor popular.

La pregunta final es, entonces: ¿cabe esperar que este repentino escenario de cordialidad política producto de la fuerte movilización popular en los festejos del bicentenario se extienda en el tiempo más allá de los días que corren?

En principio, hay que tener claro que los alcances del impacto de esta movilización es algo que no podremos percibir en forma acabada en el corto plazo. Hecha esta aclaración, y sin ánimos pesimistas, pero sí realistas, saber que la vuelta a la política cotidiana nos devolverá a un escenario bastante similar al que estábamos pocas semanas atrás.

Un ejemplo de ello fue el discurso del jefe del bloque radical, que no puedo alejarse de la línea de fuego ni siquiera en la sesión del bicentenario, y dejó masticando bronca a su par Agustín Rossi que minutos antes había pronunciado un discurso conciliador. Ergo, no hay espacio para pensar que la vuelta al ruedo será en esta sorprendente calma: la política hostil a la que estamos acostumbrados está a la vuelta de la esquina y estamos caminando los últimos metros de la cuadra del bicentenario.

Sin embargo, y esta es la buena noticia, cabe esperar que el fenómeno acaecido en el cumpleaños 200 de nuestra Patria sea el comienzo de un cambio en las aguas profundas de la política argentina, que aunque no es perceptible en la superficialidad del día a día, anhelamos sus efectos en el mediano plazo.

Cuánto demoren en llegar, es algo difícil de mensurar, pues la sociedad y la política no siempre caminan al mismo ritmo; pero en última instancia, la dirigencia no es más que la representación de la misma gente que entre el 22 y el 25 de mayo pobló las calles de nuestro país dando un mensaje de unidad


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