El ultimo domingo a las 9 de la noche, un Ricardo Alfonsín visiblemente feliz anunciaba públicamente el triunfo de su fuerza por sobre el aparato histórico de la provincia de Buenos Aires, gestado al calor del proceso democrático que encabezó su padre. La añeja hegemonía de la dupla Storani-Moreau al frente del radicalismo bonaerense magnificó el triunfo del hijo ex presidente, que poco a poco comienza a conseguir los primeros triunfos de mérito personalísimo, luego del innegable empujón que le significó la muerte del histórico líder.
Las preguntas que surgieron en estos días son dos: cuánto gana y cuánto pierde el radicalismo con esta interna, y, segundo, cuánto gana y cuánto pierde el gobierno con el triunfo de Ricardo. Se ensayaron varias respuestas: que suma un presidenciable más al arco opositor, que debilita al único candidato con chances de vencer a Kirchner, que el kirchnerismo jugó para Ricardito… Más allá de estas especulaciones, cuyo margen de error es amplio por el peligro de proyectar los resultados de una interna provincial hacia una elección nacional a plazo, lo concreto es que la elección en sí misma tiene un enorme valor en el proceso de recuperación de la UCR.
Esta fue la lectura que buscó instalar en la inmediatez de la derrota el presunto derrotado, Julio Cobos; lectura a la que se plegó el mesurado pero triunfante Ricardo Alfonsín y lectura que consolidó el estratégico Ernesto Sanz, que se mantiene (no sin dificultades) un escalón por encima de las internas del partido. Los radicales han vuelto a vivir: con Cobos empezaron a recordar lo que era tener un candidato propio que cuente con el reconocimiento popular, y con Alfonsín, más allá de sumar un nuevo candidato, volvieron a experimentar las sensaciones de una elección interna imprevisible, algo que los mantuvo vivos en los momentos más difíciles de la historia del partido.
El revival internista, aunque positivo, no será gratuito. Los bloques radicales en diputados y en senadores están cruzados por la división que se hizo visible el último domingo. Sin ir más lejos, esa misma interna es la que puso un manto de dudas en diciembre pasado, sobre la continuidad de Aguad como presidente del bloque de diputados y sobre el desembarco de Ricardo Buryaile como presidente de Agricultura.
Aunque para observar los alcances de la interna en forma acabada habrá que esperar algún tiempo, es de prever que estas pujas se profundicen, pues no hay que olvidar que en los bloques radicales de ambas Cámaras conviven cobistas, radicales de la línea Alfonsín-Morales, y dirigentes atados a históricas estructuras provinciales. Sin embargo, ya hay un dato cierto: el propio Alfonsín tendrá a partir del próximo año la posibilidad de potenciar su potencial candidatura (valga el juego de palabras) desde la presidencia del bloque que dejará Aguad, producto de los acuerdos internos de diciembre último.
Los líderes de las líneas del radicalismo deberán esforzarse entonces porque las luces del 2011 no encandilen el comportamiento de los bloques legislativos y que lo que prime sea el criterio de organicidad por encima de las ambiciones. El desafío es tan complejo como necesario.
Y mientras los radicales se van reacomodando y empiezan a soñar con un 2011 con regreso a la Rosada, el peronismo disidente entendió la necesidad de mandar un fuerte mensaje de unidad a la sociedad y lo hizo en el primer evento que encontró en la agenda. Aunque resultaba difícil relacionar el fideicomiso provincial que lanzó Das Neves con la robusta de presencia de todos los caudillos del espacio, quedó claro que lo importante era lo segundo. El producto del encuentro fue una foto grupal y un mensaje entre las sonrisas: “hay que vencer a Néstor Kirchner, por lo que uno sólo de estos peronistas lo enfrentará en internas el año próximo”.
Así como los bloques radicales tienen el desafío no desmadrarse en medio de la carrera Cobos-Alfonsín, los peronistas disidentes también tienen urgencias legislativas a resolver para encarar proyecto presidencial serio.
Por lo pronto hay dos objetivos de corto plazo: en el Senado conseguir algún aglutinante para el poco sólido Interbloque Federal, cuyo comportamiento hasta el momento ha sido bastante errático. En Diputados, unir a los 2 bloques de la fuerza y ubicar en la jefatura a un estratega parlamentario y no un presidenciable. Graciela Camaño parece ser número puesto para el cargo, seguida por el experimentado Marcelo López Arias, un vitalicio del Congreso Nacional.
El Congreso será, entonces, uno de los principales escenarios donde librará la oposición sus luchas internas de cara al 2011. La cuestión adquiere relevancia, dado que cualquier candidato presidencial que se precie de tal sabe que los bloques legislativos son el sustento de todo proyecto presidencial. |